Lo sabía, siempre lo había pensado, siempre tuvo la sensación de estar tocado por un ángel, pero esto… no imaginaba cuan acertadas eran todas las visiones que mostraba su propia imaginación y todas las palabras que escribió ebrio de amor.
El rumor de las olas arrunaba con su canto la playa y el toque de la luz de Luna, muy leve aquella noche, cuarto mengüante, alfombraba las aguas y lanzaba reflejos ominosos, hipnotizándolos.
Fue ella quién le hizo entrar al agua, fue ella la que le empujó suavemente contra las olas, la que le arrebataba la camisa con movimientos rápidos pero no bruscos, llenos de pasión. Fue de ella el plan, preparaba quizás su advenimiento. Y fue él el que entró primero al mar, esperando ansioso la llegada de ella.
Y ahí llegaba… Al principio pensó que era cosa de la oscuridad, pero cuanto más se acercaba, más brillaba su amada, se aproximaba alta, increible, angelical. Se aproximaba, azotados sus pies por las aguas del mar. Sí, sus pies, apenas sus pies, pues camibaba entre las olas, se abría paso andando, subiendo cual escalera la cresta de la ola.
Estaba soñando, seguro, no había otra explicación posible. Pero ahí estaba, hay se acercaba, su ángel… ella. Y a la par que se acercaba, sentía su calor, sentía… su pasión.
- Siempre lo fuiste, siempre… mi ángel. – dijo sin dejar de mirarle – Todo lo que he escrito, una y otra vez. Toda mi imaginación… desbordada. – tomó aire, maravillado por esa visión – Lo eres de verdad. De verdad… un ángel.
Ella ya se encontraba a su vera, de pie sobre las olas, de pie sobre él casi. Se arrodilló, y mientras lo hacía estiró un brazo hacia él. El mar se llenó del blanco intenso de sus plumas, de sus alas, en su espalda, inmensas… majestuosas.
Él agarró su mano, la apretó firmemente. Ella le dedicó la más bella de las sonrisas. Tiró suavemente de él, mientras se levantaba. Y para su sorpresa, él también subió sobre las olas, de pie. Sorprendido buscó los ojos de ella, y allí no encontró nada… y lo encontró todo. Eran ya parte del mismo ente, uno sólo.
Y así, miradas entrelazadas… volaron, fueron al cielo… o al infierno. Pero para la mayoría de las personas… simplemente desaparecieron.